Evitar otras elecciones es posible; ¿nos ponemos manos a la obra?


 

La noche del 26-J después de ser conocedor de un resultado electoral que no me esperaba escribía “No veo fácil la creación de gobierno. Veo menos posible la tercera celebración de elecciones. Mañana más.”. Tres meses después sigo viendo la dificultad para crear un gobierno (que no es lo mismo que conseguir investir un presidente de gobierno) y no tanta para la celebración de nuevas elecciones. El varapalo democrático recibido por el PP en la cara de Rajoy la pasada semana nos sitúa en el punto de partida de nuevo. La arrogancia de quienes se creen “amos y señores” de un cortijo llamado España es de tal envergadura que a veces no tenemos varas para poderla medir con exactitud. Rajoy ha chantajeado a todo el mundo, haciendo volar la posibilidad de tener que convocar elecciones en una fecha como el día de navidad. Eso debería ser razón suficiente para que una revuelta popular y democrática los echase fuera de las instituciones por chulos y prepotentes.

El revolcón recibido en el congreso hace más fuerte la democracia: en un pacto se trata de llegar a acuerdos de tú a tú. Sin arrogancias ni imposiciones. El resultado del 20-D y 26-J muestra la desaparición del imperfecto sistema bipartidista que se apoyaba en acuerdos sectoriales con partidos conservadores nacionalistas (CiU o PNV) para dar el poder a PP o PSOE de manera indistinta. Eso parece haber desaparecido y, a partir de ahora, pactos y acuerdos serán necesarios en esta nueva etapa. Y esto no es compatible con la arrogancia y la prepotencia como característica en cualquier relación horizontal que es lo que les sigue sobrando a PP y PSOE en el momento de dialogar, negociar y llegar a pactos. Si siguen sin querer entender esto, nos veremos sometidos a continuos chantajes como ciudadanos, siendo insultados en nuestra inteligencia a través de falacias repetidas continuamente que pretenden convertir en verdades irrefutables. Y no, no lo son; son falsas verdades que como cortina de humo pretenden ocultar su huida hacia adelante. Porque sí, PP y PSOE solamente pretenden permanecer en esa posición que les otorgó el régimen del 78. Es falso que les preocupen los problemas de los ciudadanos ante todo. A los hechos me remito. PSOE no se mueve de lo esencial en temas que tengan que ver con una nueva organización territorial. Negociar la realización de un referéndum (claro y pactado) en Catalunya y Euskadi para escuchar la opinión de la ciudadanía sobre este aspecto es condición esencial para los partidos nacionalistas (ahora independentistas). Rechazar la reforma laboral y leyes antisociales como la ley mordaza es condición esencial para poder entenderse con Unidos Podemos. Establecer un memorial de medidas anticorrupción y de reforma de las cámaras podría ser punto de encuentro con ciudadanos. Es decir, el gobierno que despectivamente, y ello le califica, Frankestein de Rubalcaba podría ser un gobierno monocolor en el que diferentes pactos den la estabilidad política suficiente a base de acuerdos entre iguales en ámbitos diferentes. Sencillo, no. Posible, sí.

Si PSOE lo intentó y fracasó. PP lo ha hecho ahora y ha fracasado. Me refiero a la investidura de un presidente del gobierno. Parece razonable que ahora lo intente la tercera fuerza en litigio. Pactar con PSOE la derogación de ciertas leyes antisociales del PP, reformas anti-corrupción y anti-privilegios de la clase política con Ciudadanos, un acuerdo de referéndum con CDC, ERC y PNV por parte de Unidos Podemos no es imposible. En el programa electoral estaba la derogación de esas leyes, la reforma anticorrupción, el debate territorial desde la democracia y el dialogo. Las presiones de Felipe González, Alfonso Guerra o el IBEX no tendrían sentido. Pedro Sánchez podría dar muestra de su “responsabilidad” y evitar ir a terceras elecciones, que es lo que dice querer ser desde el principio, dando apoyo desde fuera al gobierno de Unidos Podemos. Las organizaciones independentistas verían plasmada su petición a una nueva España que escucha y Ciudadanos con posibilidades reales (no el acuerdo firmado con PSOE y PP en ambas investiduras) de impulsar medidas contra los privilegios y la corrupción política que seguramente comparte con Unidos Podemos.

Como se puede observar: abogo por una investidura de Pablo Iglesias como presidente del gobierno; con pactos en diferentes ámbitos con el resto de fuerzas políticas. Imposibilitando un gobierno de corruptos y arrogantes (la última de Soria es de un “golferío” sublime) y, lo más importante según todos, evitando nuevas elecciones. Esta es una opción viable, aunque difícil. Proponerla como salida puede servir para retratar a quienes se llenan la boca con palabras como acuerdo, diálogo o negociación. Y que en boca de muchos de ellos son meros conceptos vacíos.

José Pérez es regidor de Badia en Comú (BeC) a l’ajuntament de Badia del Vallès

Pablo Iglesias y Alberto Garzón