El patriarcado como problema; el feminismo como solución


En algunas zonas rurales del Nepal expulsan a las jóvenes de los poblados durante el período de la menstruación. La causa es la supuesta impureza que supone la mujer durante ese momento de su vida para el resto de los habitantes del poblado. El resultado es que abandonadas a su suerte, las mujeres merodean mientras esperan que pase el período menstrual. Algunas de ellas no volverán al poblado víctimas de picadas de serpientes venenosas o por el ataque de alimañas. En lugares como Ciudad Juárez la cultura de la violencia contra las mujeres se manifiesta datos de un feminicidio espeluznante: ciudad de 1,5 millones de habitantes con 200 asesinatos machistas durante lo que llevamos de 2018. En algunas culturas de África se practica la ablación como una forma ancestral de control del deseo y placer femenino. En países como China la preferencia por un hijo varón mezclada con la política de un único descendiente ha significado un terrible infanticidio femenino. La activista y profesora de derecho, Sharon K. Hom afirma que “el asesinato de niñas es una forma de violencia contra su infancia, contra sus madres y contra todas las mujeres en la sociedad en que ocurre”. En Europa, en España sin ir más lejos, miles de mujeres son violadas cada día en burdeles donde se consiente de manera tácita la humillación diaria de todas ellas como seres humanos. Si a ello le sumamos los datos ofrecidos por el servicio de urgencias del Clínic de Barcelona en la que informan que en 2017 atendieron unas 400 personas (la mayoría mujeres) agredidas sexualmente nos hacemos idea de la magnitud del problema.

Estas violencias tienen algo en común a pesar de presentarse de diferentes maneras y lugares: el deseo de dominación del masculino sobre lo femenino para mantener el modelo actual (statu quo). En el fondo, el miedo de lo masculino hacia la capacidad de creación de lo femenino y su posibilidad de transmutar la estructura de poder actual.

Estas violencias que vienen de tiempos lejanos coinciden con otras más cotidianas y no por ello menos brutales. El sentimiento de miedo que experimenta una mujer al pasear de noche por alguna de nuestras ciudades si siente pasos detrás de ella. La necesidad de sentarse cerca de gente y en lugares visibles para evitar la angustia de un vagón de tren solitario a determinadas horas. El sentirse presa de algunos depredadores cada hora del día; el sentirse ninguneada, objetivada, desplazada, infravalorada en casa, en el trabajo o en su relación de pareja. Todas esas sensaciones diarias y datos concretos como la brecha salarial o el techo de cristal en las empresas, que sufren miles de mujeres cada día en nuestras ciudades tienen la misma raíz que lo ocurrido en Nepal, Centroamérica, China o Europa. La raíz común es un intento de mantener un modelo cultural, social y económico basado en el privilegio del género masculino en ámbitos como el trabajo, el sexo, el conocimiento, el poder… Eso es el modelo patriarcal. Mantener ese privilegio es un palo inútil a la rueda de la (r)evolución que se está dando de manera imparable. Y en esta (r)evolución saldremos ganando todas y todos sin distinción de clase social, ideología o creencia religiosa. La (r)evolución propuesta por el feminismo es el motor de cambio de la historia hacia una sociedad más justa, libre e igualitaria. El feminismo como palanca transformadora y liberadora del ser humano hacia una sociedad post-capitalista.

El pasado 25 de noviembre manifestamos el rechazo unánime hacia cualquier violencia a causa del género. Cada día tenemos la obligación moral de construir espacios en el que el patriarcado como estructura pierda presencia y surja un modelo corresponsable e igualitario en derechos y deberes. El objetivo es que ese día reivindicativo deje de tener sentido, cuando las violencias, cotidianas o puntuales, por causa de género hayan desaparecido. Para conseguir este objetivo proponemos defender la causa feminista como solución al problema. Una causa que no va contra el género masculino, sino contra el machismo como fruto de la sociedad patriarcal. El feminismo como solución y no como problema; la unidad de todas y todos contra el modelo patriarcal.

Badia en Comú.